domingo, 18 de diciembre de 2011

102 | El portero del prostíbulo


Hola, ya es navidad otra vez, una navidad rara. No hemos cambiado de año y ya se oye en casi todos los rincones lo duro que será el próximo 2012, lo mucho que aumentará el paro y los enormes recortes que aplicará el nuevo gobierno. Conversaciones en el ascensor, frutería, gimnasio, trabajo... en la calle. 

Y ante esta ola de pesimismo, leo un tweet con una frase de Pablo Isla (Presidente y Consejero Delegado del grupo Inditex) que dice: "No podemos caer en el pesimismo, 2012 está lleno de retos". Y creo que lleva razón.

Esto me ha recordado un cuento de Jorge Bucay que me gustaría compartir contigo. 

Así ve la navidad Mario

No había en aquel pueblo un oficio peor visto y peor pagado que el de portero de prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa podía hacer aquel hombre?
De hecho nunca había aprendido a leer y escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre y su abuelo habían sido porteros de aquel prostíbulo.

Un día un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, se hizo cargo del local. Y decidió cambiar algunas cosas. Habló con el portero y le dijo: "A partir de ahora, además de estar en la puerta, me vas a preparar un informe semanal, en él anotarás la gente que entra al local y los comentarios que te hagan sobre como fueron atendidas y que corregirían".

El hombre tembló, y contestó a su jefe que le encantaría hacerlo pero que no sabía leer ni escribir. Por esta razón decidieron despedirle, dándole una indemnización y agradeciéndole el trabajo prestado durante todos estos años.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, desocupado por primera vez en su vida. ¿Qué podía hacer?

Recordó que en el prostíbulo, a veces, hacía tareas de mantenimiento, y pensó que esta podía ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, y solo encontró herramienta vieja. Tenía que comprar una caja de herramientas completa, y para eso, usaría parte del dinero de su indemnización.

En su pueblo no había ferretería así que viajó durante dos días en mula al pueblo más cercano a realizar la compra. A su vuelta, un vecino le dijo: "¿por qué no me vendes el martillo?" A lo que el hombre contestó: "No, además lo necesito para trabajar, y la ferretería está a dos días en mula".

El vecino le dijo, hagamos un trato: "Si me consigues un martillo, yo te pagaré los dos días de ida y vuelta más el precio del martillo. Total estás sin trabajo, ¿qué te parece?". Como esto le daba al hombre trabajo para cuatro días, pues aceptó.

A su vuelta, otro vecino le esperaba para proponerle lo mismo. Y así le ocurrió viaje tras viaje hasta que decidió montar una ferretería en la que compraban no solo la gente de su pueblo, sino también la de los pueblos de alrededor.

Con el tiempo este hombre se convirtió en un millonario fabricante de herramienta, a base de honestidad y trabajo.

Un año, con motivo del inicio del curso escolar, decidió donar a su pueblo una escuela. En la fiesta para su inaguración el alcalde le dijo: "sería un gran orgullo que firmara en la primera página del libro de acta de la nueva escuela", a lo que el hombre contestó, "creo que nada me gustaría mas que firmar allí, pero no se leer ni escribir".

"¿Usted?" contestó el alcalde. "¿Usted construyó un imperio sin saber leer ni escribir?. Me pregunto que hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir".
A lo que contestó el hombre: "Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!"

¡Feliz semana! y ¡Feliz Navidad!

Hoy os dejo una canción que me gusta mucho. Chris Knight - It ain´t easy being me.

lunes, 5 de diciembre de 2011

101 | Crisis y Riesgos Psicosociales


Hola, el pasado sábado se publicó en el diario Expansión un artículo muy interesante titulado Cuando el trabajo quema. En él se habla sobre nuevas relaciones que se están produciendo entre empleados y sus empresas fruto de la crisis económica.


Y es que en los últimos meses las compañías están tratando de adaptarse al mercado para ser más competitivas, y muchas se han reorganizado realizando recortes para ser más productivas. Y en este proceso no se han medido los riesgos que representaban los cambios para la salud de los trabajadores. 

La cuestión de los recortes ya la planteaba el jefe de Dilvert en el año 1997. Reflexionaba sobre lo siguiente: "En teoría, si recorto costes lo suficiente, llegaría a tener beneficios sin vender ningún producto".

Todo ello ha generado riesgos psicosociales derivados del exceso de carga de trabajo, de la falta de reconocimiento y autonomía, de la incompatibilidad entre la vida laboral y profesional y de la sensación de no saber por qué se trabaja ni que sentido tiene. Es más, en algunos casos la gente se siente mal si no puede hacer una labor de calidad, y la empresa le exige cosas distintas a las que se entiende como buen trabajo.

Todo ello genera estrés, y según Pilar Jericó el estrés es una forma de miedo. Y así no se trabaja bien, y no podemos olvidar que estos factores también pueden afectar a la seguridad de las personas. ¿O es que puesto que nuestro nivel de atención es el mismo en un entorno motivador que en uno estresante?. Veremos que dicen la cifras de siniestralidad y enfermedades profesionales. 

Aunque si miramos a nuestros vecinos franceses quizá obtengamos pistas. Tienen más dinero, menos paro, son más productivos y además trabajan menos horas. Y aún así están entre los mayores consumidores de antidepresivos en el mundo. Además tiene la tasa de suicidios más elevada de los países europeos, entre 10.500 y 15.000 y la mayoría de ellos ligados al estrés profesional. Son bastante conocidos los 60 empleados de France Telecom que se quitaron la vida entre 2008 y 2011, o los 70 de la Poste, el servicio de correos.

¿Dónde está el límite? 

Cándido Mendez decía hace unos días: "Cuando la crisis entra por la puerta la prevención de riesgos laborales sale por la ventana".

¡Feliz semana rara!

Elegancia, sencillez y contundencia a partes iguales. Tom Petty - Refugee.